Los andaluces son vagos, o “Cómo hemos aprendido a normalizar la precariedad laboral.”

Hace calor. Eso es lo único cierto que podemos afirmar a día de hoy en la península ibérica y, además, los ingleses y los franceses, esta vez, se unen a la fiesta de los cuarenta grados.

https://climaenmapas.blogspot.com/p/olas-calor.html

No paramos de ver en los informativos mapas meteorológicos que tienen que cambiar sus leyendas y añadir el color morado oscuro cuando antes, rara y excepcional era la vez que se superaban los 45º en España. 

 

Dos de los lugares más calurosos de España se encuentran en Andalucía, Córdoba y Jaén. Aparte de tener que lidiar con temperaturas que rondan los cuarenta y cinco grados en verano, la provincia tiene que aguantar que a sus trabajadores y trabajadoras se les llame vagos, absentistas o pertenecientes a “la provincia de la siesta”;  nos preguntamos:

¿Es esto cierto o es que hemos aprendido a normalizar la precariedad laboral?

 

Ahora que el centro y el norte de la península están sufriendo las consecuencias de una ola de calor extrema, y por cierto, la más suave que volveremos a vivir, parece que cobra sentido legislar el “no trabajar” o “tomar medidas”  cuando se cumplen ciertas condiciones. 

Por ejemplo, en Emiratos Árabes desde 2012 está prohibido trabajar entre las 12:30 y las 15:00 horas en periodo estival. En Qatar se ha prohibido el trabajo directo cuando hace sol. En California la provisión de un refugio es obligatoria, y hay procedimientos especiales cuando hay temperaturas superiores a los 35º.

¿Entonces? ¿Qué ocurre? ¿Por qué la provincia de nuestro país que más calor ha tenido que aguantar en los últimos cien años se ha llevado únicamente apodos de mal gusto y sambenitos ofensivos?

No. Los andaluces no son vagos. Es que, en toda España nos hemos ocupado de romantizar la precariedad laboral. No solo en los trabajos a pie de calle en la temporada estival.

Normalizamos que un sanitario tenga un turno de 24 horas, porque su trabajo consiste en ser un héroe y salvar a la gente. A partir de la hora séptima, es como si a Superman le hiciéramos volar con una losa de kriptonita.

La mayoría de empresarios hosteleros se quejan de que los camareros no quieren un contrato de media jornada, nada más que doce horas.

No entienden que prefieran engrosar las listas del paro que trabajar 12 horas a precio de 4. Y a veces en condiciones que rozan la esclavitud. 

 

Hemos asumido que un becario debe trabajar gratis, incluso, le debe costar dinero, ya que los desplazamientos, las comidas y los materiales se los tiene que pagar él mismo. 

Nos indignamos si la tienda de ultramarinos de abajo de casa, generalmente regida por ciudadanos chinos, un domingo a las 15:00 está cerrada. ¿Qué creen? ¿Qué pueden descansar un domingo por la tarde cuando yo necesito mi bolsa de Cheetos y mi Coca-cola fresquita? 

¿Qué el rider que me trae la comida tiene que hacer cuatro paradas antes de llegar a mi casa? Me da igual que sea el único por la zona y gane un sueldo irrisorio. “¡Qué se de prisa, aunque haya 40º!”

https://www.losreplicantes.com/articulos/estres-termico-baja-trabajadores-temperaturas-extremas/

Los trabajadores de las carreteras, que trabajan asfaltando, TODOS los veranos, están debajo de un techado de loneta verde mientras se toman un refresco y un trozo de sandía. “Así trabajo yo también”, comentan algunos que no han tocado un calzado de seguridad en su vida.

 

Es decir, una vez más se reprende a la clase trabajadora por descansar. Por intentar cubrirse de un sol que año tras año, es más dañino. 

Se llama vagos a barrenderos que se levantan en muchos casos a las tres y media de la mañana, para que los oficinistas y los turistas tengan las calles adecentadas en sus quehaceres diarios. 

https://elpais.com/espana/madrid/2022-07-18/el-barrendero-fallecido-por-un-golpe-de-calor-en-madrid-tenia-un-contrato-de-un-mes-y-le-habia-cambiado-el-turno-a-un-companero.html

 

El viernes 15 de Julio, José Antonio González fallecía de un golpe de calor mientras limpiaba una calle de Vallecas. Se ha sabido que le cambió el turno a un compañero para hacerle un favor, y que además, temía no ser renovado porque: ¡Sorpresa! Tenía un contrato de un mes. Un contrato que dependía de lo bien que limpiara las calles, con un traje de poliéster, a pleno sol, en la ciudad del cemento. (De las continuas faltas de humanidad del alcalde de Madrid ya hablaremos otro día.)

 

En definitiva: El cambio climático no va a cesar su avance, y cada año, hará más frío en invierno y más calor en verano, y los primeros que lo van a sufrir es la clase obrera y trabajadora. 

Tal vez, el hecho de descansar, y ocultarse en un refugio con las persianas bajadas entre las dos y las cinco de la tarde, pueda salvar vidas, aunque una vez más hayamos necesitado la muerte de un trabajador para sentar un precedente.

 

El hecho de llamar vagos a los trabajadores que descansan, es solo una muestra de deshumanización casi tan extrema como las temperaturas. 

Puede ser, que de nuevo, lleguemos tarde a legislar unas condiciones de trabajo dignas. Puede ser que el estrés térmico, la precariedad laboral y las condiciones indignas de trabajo estén, por primera vez, siendo lo suficientemente evidentes como para poner medidas que las eviten. 

Una de las reivindicaciones de RUGE/UGT es la reducción de la jornada laboral completa de 40 a 32 horas. El reducir las horas sin reducir el sueldo, podría ser una de las soluciones. 

Ofrecer un día más de descanso, partir la jornada de cara a evitar las horas más conflictivas, ya sea por climatología u otra casuística que suponga un riesgo para la seguridad del trabajador.

Defendemos también las denuncias ante la inspección de trabajo y exigimos una normativa de PRL efectiva que vele por la integridad de los trabajadores, no que solo evite multas para los empresarios.

Solo denunciando y apostando por unas condiciones de trabajo dignas para todos y cada uno de los trabajadores y las trabajadoras, conseguiremos desterrar la “mala contratación”.

Cabe citar a Federico García Lorca, y su obra “Yerma”: “No es envidia lo que tengo; es pobreza.”, para, con permiso del autor decir: 

 

“No es vagueza lo que tengo, es precariedad.”